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Nada el perro y vuela el pez: Maduro, el antisemitismo y el reino del revés

Por Yair Filipiak – @sionista_uruguayo

Los gatos no hacen miau y dicen yes: los hechos y el sentido común

Maduro fue arrestado por Estados Unidos. Lo primero que hice cuando me enteré fue agarrar el teléfono. Eran las tres y pico de la madrugada, esa hora en la que solo los insomnes y los conspiradores están despiertos. Llamé a Yudith, mi amiga en Caracas. No para hablar del Comando Delta, ni para debatir geopolítica, ni para discutir derecho internacional, ni para analizar comunicados de la ONU. Llamé para preguntar cómo estaba, qué sentía, si tenía miedo, si tenía esperanza… para ponerme a las órdenes.

Siempre hay un momento en que las abstracciones colapsan. Un instante en el que los comunicados oficiales, las consignas altisonantes, los marcos teóricos y las palabras cuidadosamente elegidas dejan de servir. La realidad irrumpe sin pedir permiso.

Del otro lado de la línea no encontré indignación por la “violación de la soberanía venezolana”. Encontré algo mucho más incómodo para los dogmáticos: alivio, temor e incertidumbre. Pero también una sensación largamente postergada de que algo, por fin, se había roto en la estructura del horror cotidiano.

Mientras tanto, a miles de kilómetros de Caracas, en cómodas capitales occidentales, empezaba el ritual conocido: comunicados solemnes, indignaciones selectivas, marchas perfectamente coreografiadas contra el “imperialismo yanqui”, editoriales inflamados sobre el derecho internacional, paneles de opinión en los que jamás apareció un venezolano real, ni uno solo.

Un ladrón es vigilante y otro es juez: cuando el secuestrador se convierte en víctima

Es fascinante observar la elasticidad del diccionario woke. Estados Unidos “secuestró” a Nicolás Maduro, repiten con tono de tragedia griega los mismos que, hace apenas dos años, necesitaban tres párrafos de “contexto” para no llamar por su nombre al secuestro de 300 personas y asesinato de bebés el 7 de octubre.

Ahí no hubo secuestros: hubo “resistencia”.
No hubo pogromo: hubo “contexto”.
No hubo judíos asesinados por ser judíos: hubo “respuesta a la ocupación”.

El problema no es semántico, es moral y profundamente político. Para esta izquierda de cafetín, la palabra “secuestro” solo recupera su significado original cuando el afectado usa bigote, jogging de gimnasia y retórica antiimperialista. Si la víctima es una abuela en un kibutz, el término muta mágicamente a “acto de resistencia”. Si el capturado es un dictador con orden de arresto por narcotráfico, entonces invocan la inviolabilidad de las normas internacionales con la misma fe que un monje benedictino. No es una contradicción; es una cosmovisión donde la moral depende de quién aprieta el gatillo y, sobre todo, de quién es la víctima. Si es un tirano “anti-yanqui”, el derecho internacional es sagrado.

El lenguaje no describe la realidad: la modela. Y cuando el lenguaje se pervierte, la ética se disuelve.

Nadie baila con los pies: la ironía del progresismo

Hay ironías que ni el mejor guionista de Hollywood se atrevería a escribir por miedo a parecer exagerado. Nicolás Maduro, uno de los líderes más consistentemente antisemitas del continente, el hombre que convirtió a Venezuela en una sucursal de la retórica de Teherán, el que denunció mil veces el “complot sionista internacional”, terminó sentado frente al juez Alvin K. Hellerstein.

No es un detalle menor, es un símbolo. Hellerstein tiene 92 años, es judío, neoyorquino y lo ha visto todo. Es casi un símbolo viviente de ese occidente legalista que se desprecia. Maduro cree que no odia a los judíos; solo odia al “lobby”, a los “sionistas” y a los “poderes financieros”, es el viejo odio de siempre, reciclado con el perfume de la retórica decolonial. Verlo ahí, reclamando “garantías, debido proceso, derechos humanos”, ese lujo burgués que su régimen le negó a miles de venezolanos en el Helicoide, es un ejercicio de humor negro que roza lo obsceno.

Un perro pekinés que se cae para arriba: ¿Dónde están los venezolanos?

En Montevideo, en Madrid, en Ciudad de México, en París, las marchas “en defensa de Venezuela” fueron estéticamente perfectas: pancartas prolijas, cánticos coreografiados, consignas conocidas: Trump como villano universal y Estados Unidos como explicación total. Un par de detalles importantes: no les dio el tiempo de cambiar las telas… En todas las que pude ver había más banderas palestinas que venezolanas y, en esas marchas no había venezolanos.

En cambio, en Miami, Bogotá, Lima, Santiago, Barcelona y por supuesto Buenos Aires las calles se llenaron de venezolanos reales. Profesionales, obreros, estudiantes, exiliados forzosos, gente que sabe qué sabor tiene el hambre. Sin banderas partidarias, sin financiamiento, sin relato, con la bandera de su país, vistiendo “la vino tinto” y la nacionalidad tatuada en el alma. Celebrando que el nodo del mal había caído. El venezolano real rompe el mito progresista, por eso prefieren ignorarlo y marchar con gente que cree que el Helicoide es una marca de helados.

Ese contraste debería cerrar cualquier discusión honesta, pero la honestidad dejó de ser un valor central para buena parte de la izquierda populista occidental.

Un año dura un mes: la censura escrita en tinta oficial

Y mientras afuera se discute soberanía, adentro el régimen hace lo único que sabe hacer: reprimir. El 3 de enero de 2026, en plena crisis, se publica el Decreto de Estado de Conmoción Exterior (Gaceta 6.954). No es un panfleto, no es un rumor, es un texto legal.

El artículo 5° ordena a los órganos policiales “la búsqueda y captura en todo el territorio nacional de toda persona involucrada en la promoción o apoyo del ataque armado de Estados Unidos de América”. Traducido al español llano: opinar puede convertirse en delito. Salir a la calle, tener un grupo de WhatsApp opositor y/o pensar en voz alta, también.

Es la paradoja absoluta: el mismo régimen que denuncia secuestros externos firma, por decreto, la persecución interna del pensamiento. Pero claro, para los teóricos de la “autodeterminación”, la bota que pisa el cuello del venezolano es aceptable si la bota es soberana y se calza en pie izquierdo. 

Esta es la dictadura real, no la que se teoriza en universidades europeas, sino la que se vive en Caracas.

Cabe un oso en una nuez: Legalidad, fetichismo y moral

De pronto, el derecho internacional importa, la ONU importa, la Corte de La Haya importa. Curioso, no importaron cuando el régimen venezolano manipuló elecciones, encarceló opositores, censuró medios, torturó disidentes y empujó al exilio a más de nueve millones de personas. Pero importan ahora.

No se trata de negar que la operación que terminó con Maduro fuera del poder sea jurídicamente discutible, probablemente lo sea. Gustavo Bueno nos preguntaría: ¿Qué capacidad real tiene el derecho internacional para revertir un hecho consumado cuando el actor central es una potencia con derecho a veto? La respuesta es brutal y sencilla: ninguna.

Estados Unidos tiene derecho a veto, ni la ONU ni Haya tienen poder coercitivo, el derecho internacional no libera presos ni reconstruye países.

Insistir en la legalidad en este punto no es defensa de principios: es una coartada moral para no asumir una verdad incómoda, a veces, el mundo no se ordena según normas, sino según fuerzas. Fingir sorpresa ante eso no es sofisticación ética, es hipocresía.

Una araña y un ciempiés al palacio del marqués: oro negro

“Estados Unidos solo quiere el petróleo”, repiten, Trump ni siquiera se molestó en negarlo. La pregunta que nadie formula es otra: ¿qué hicieron Chávez y Maduro con el petróleo? Durante un cuarto de siglo, Venezuela pasó de producir más de tres millones de barriles diarios a poco más de una cuarta parte. No por sanciones externas, sino por corrupción, desinversión, impericia y saqueo.

El petróleo fluyó hacia Irán, Rusia y China, las ganancias fluyeron hacia la cúpula del régimen, el pueblo venezolano se empobreció como nunca en su historia. Si ese era el modelo alternativo al “imperialismo”, el balance está a la vista.

Un señor llamado Nicolás tiene mil quinientos treinta chimpancés: Narco-Estado

No cayó solo un presidente, cayó un nodo del crimen organizado internacional, el Cartel de los Soles no es un mito, el Tren de Aragua no es un invento mediático, Venezuela se convirtió en plataforma logística del narcotráfico y del terrorismo transnacional.

Y aquí la conexión es clave: los mismos actores que relativizan el antisemitismo, que justifican el 7/10, que callan ante atentados como el de Sídney, son los que blanquean regímenes narco-autoritarios en nombre del antiimperialismo.

Usan barbas y bigotes los bebés: del Medio Oriente a América Latina

Irán, Hezbolá, Hamás, el régimen venezolano son escenarios distintos con la misma lógica: el enemigo es Occidente, la víctima nunca es judía, el dictador siempre tiene contexto.

La caída de Maduro no es solo un evento regional, es una reconfiguración geopolítica que golpea directamente a los aliados de Irán en el hemisferio occidental. Por eso la reacción furiosa, por eso el ruido, por eso la indignación selectiva.

No se defiende a Maduro por Venezuela, se lo defiende porque su caída rompe un eje ideológico que conecta Caracas con Teherán y Gaza, pasando por universidades occidentales y redacciones progresistas.

No se puede bajar después: cuando el sentido común es subversivo

¿Fue perfecta la operación? Para muchos no.
¿Fue jurídicamente impoluta? Tampoco.
¿Fue necesaria? Probablemente sí.
¿Fue positiva? Indudablemente.

Para los venezolanos que se quedaron, para los que se fueron, para una región cansada de exportar miseria y crimen, para un mundo que empieza a cansarse de que el antisemitismo se disfrace de justicia social. Y en el que, a veces, el derecho llega tarde y el sentido común tiene que adelantarse.

Los mismos que hoy se rasgan las vestiduras por la “legalidad violada” guardaron un silencio sepulcral ante décadas de violaciones sistemáticas en Venezuela. Al final del día, entre la legalidad de los tiranos y la libertad de los pueblos, la elección debería ser obvia. Pero ya sabemos que, en el mundo del revés, el perro nada, el pez vuela y la izquierda “humanista” siempre termina abrazando al verdugo.  Y ese silencio es su verdadera sentencia.

Referencias y notas

  1. Venezuela, Maduro y Medio Oriente. Canales de YouTube de Gustavo Beitler y del Faro de Occidente. http://www.youtube.com/@gustavobeitler / http://www.youtube.com/@ElFarodeOccidente
  2. “Venezuela’s President Nicolás Maduro appeared before a federal court in New York on charges of narcoterrorism and drug trafficking…” Reuters, 5 enero 2026.
  3. “Maduro insists he remains Venezuela’s legitimate president as he faces U.S. narcotics charges in Manhattan.” The Washington Post, 5 enero 2026.
  4. Decreto de Estado de Conmoción Exterior, Gaceta Oficial Extraordinaria N.º 6.954, República Bolivariana de Venezuela, 3 enero 2026.
  5. “Venezuela orders police to arrest anyone supporting U.S. attack under emergency decree.” Reuters, 5 enero 2026.
  6. “Legal experts warn Venezuela’s emergency decree criminalizes dissent under vague definitions of ‘support’.” El Nacional, enero 2026.
  7. Human Rights Watch, World Report: Venezuela (2018–2024). Documentación sobre detenciones arbitrarias, tortura y represión sistemática.
  8. Amnesty International, Venezuela: Human Rights Crisis. Informes sobre el Helicoide y uso de estados de excepción.
  9. OPEP, Annual Statistical Bulletin. Datos históricos de producción petrolera venezolana (caída a ~20–25 % del pico).
  10. S. Energy Information Administration (EIA), Venezuela Country Analysis Brief. Colapso de infraestructura, corrupción y desplome productivo.
  11. S. Department of Justice, Indictment against Nicolás Maduro and senior Venezuelan officials (2020). Cargos por narcoterrorismo y vínculos con el Cartel de los Soles.
  12. InSight Crime, Venezuela: Organized Crime and the State. Tren de Aragua y criminalidad transnacional.
  13. IHRA, Working Definition of Antisemitism. Marco para comprender el antisionismo como forma contemporánea de antisemitismo.
  14. Gustavo D. Perednik, La mecánica mental del antisionista. Ensayo sobre la lógica ideológica del antisionismo.
  15. ADL, Global Antisemitism Reports. Incremento del antisemitismo tras el 7/10.
  16. Gobierno de Israel, Hamas October 7 Massacre. Documentación oficial sobre secuestros y asesinatos.
  17. The Dinah Project, Sexual Violence by Hamas on October 7. Violencia sexual como arma de guerra.
  18. “Latin American and European governments condemn U.S. operation against Maduro.” The Guardian, enero 2026.
  19. “Iran denounces U.S. ‘aggression’ after arrest of Venezuelan president.” Euronews, enero 2026.
  20. “El reino del revés”. María Elena Walsh. 1963.
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