Información Estratégica

Testimonio de una madre

En medio de la lucha que lleva adelante Israel para defenderse de las fuerzas que buscan de eliminarla de la faz de la tierra, la semana pasada tuvimos el honor de escuchar en Montevideo el testimonio de Natalia Casarotti, una madre que perdió a su joven hijo durante el brutal ataque del 7 de octubre.

Natalia nació en Argentina, de padre uruguayo y madre argentina. A los tres años hizo alía a Israel y hace 30 años vive en un kibutz en una zona muy tranquila y desértica. Allí nacieron sus tres hijos. Keshet era su único hijo varón y tenía 21 años cuando fue asesinado el 7 de octubre a la salida de la fiesta Nova.

Según la madre, Keshet era un muchacho vivaz y muy querido. Tenía el sueño de viajar a Brasil y vivir cerca del mar. Encaraba la vida con alegría sin intención de hacer mal a nadie. Su vil asesinato cambió la vida de la familia para siempre. Su madre ahora recorre el mundo como testimonio vivo de lo que ocurrió en toda su dimensión humana.

Compartimos aquí un fragmento de su exposición y una transcripción de la charla completa.

Los hechos del 7 de octubre llevaron a Israel a una guerra que no inició ni buscó. A lo largo de su historia, hubo otros ataques que implicaron un riesgo existencial para este país y que tuvo que combatir para seguir adelante. Y fue venciendo guerras anteriores que logró su independencia como nación, la libertad y un hogar para los judíos de todo el mundo. Perder la guerra sería un retroceso que la dejaría a la merced de esta terrible fuerza destructiva.

Es nuestra obligación moral como occidentales ofrecer nuestro completo apoyo moral y material a Israel en esta coyuntura que enfrenta hoy.

Los medios dominantes se encargan hoy más que nunca en invertir las causalidades, tergiversar los hechos y relativizar las atrocidades sufridas por quienes, como Keshet, vieron su vida interrumpida por la decisión de un grupo de fanáticos asesinos.

Esta madre nos contó su historia y en el proceso nos acercó a la niebla de la guerra.  Pero el candor de su discurso y la bondad que ella trasmite son una luz que ilumina el camino, que marca el imperativo de alcanzar una paz que no sea una capitulación más ante las fuerzas de la maldad, el nihilismo y el oscurantismo que niega nuestros valores de libertad y fraternidad.

Compartir este artículo